Psicólogos con enfoque Psicología Infanto-Juvenil
La psicología infanto-juvenil atiende a niños, niñas y adolescentes con abordajes adaptados a cada etapa del desarrollo, e incluye el trabajo con la familia y con la escuela. Los profesionales de este listado trabajan con esta población.
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Cómo es la terapia con niños y adolescentes
Un chico de seis años no va a sentarse a explicar qué le pasa, y no porque no quiera: no dispone todavía de los recursos para poner en palabras estados internos complejos. El trabajo tiene que encontrar otras vías.
En la infancia temprana el juego es la principal. No es un recurso para entretener mientras se conversa con los padres: es el medio a través del cual el chico expresa, elabora y ensaya. El dibujo, los títeres, los juegos simbólicos y el uso de historias cumplen esa función.
Con niños en edad escolar aparece más el lenguaje, combinado con actividades y con trabajo sobre situaciones concretas. Y en la adolescencia el espacio se parece más a una terapia de adultos, aunque con particularidades propias: la relación con el cuerpo, la construcción de identidad, los vínculos con pares y la tensión con la familia suelen estar en el centro.
Los motivos de consulta más frecuentes son dificultades de conducta, ansiedad, problemas de sueño o alimentación, dificultades escolares, efectos de una separación, duelos, y en adolescentes, además, ánimo, autolesiones y consumos.
El lugar de los adultos en la terapia infantil
En el trabajo con niños, quienes crían son parte del tratamiento y no espectadores. Es habitual que el proceso incluya entrevistas regulares con ellos, y en niños pequeños es frecuente que buena parte del trabajo se haga directamente ahí, porque un cambio en cómo responden los adultos suele producir efectos más rápidos que el trabajo individual con el chico.
Esto genera a veces la impresión de que se está evaluando a los padres. No es el planteo: se trabaja con quienes tienen mayor capacidad de introducir cambios en el sistema, sin lenguaje de culpa.
La articulación con la escuela es otra parte frecuente, sobre todo cuando el motivo de consulta se expresa ahí. Requiere autorización de la familia y suele consistir en orientar adaptaciones o en compartir criterios de abordaje.
Confidencialidad con adolescentes
Es la pregunta que más aparece y conviene tener clara, porque hay marco legal.
El Código Civil y Comercial establece un principio de autonomía progresiva. A partir de los dieciséis años, el adolescente es considerado como un adulto para las decisiones sobre el cuidado de su propio cuerpo. Entre los trece y los dieciséis puede consentir por sí mismo tratamientos que no resulten invasivos ni comprometan su salud. La Ley 26.061 de protección integral reconoce además el derecho a ser oído y a que su opinión sea tenida en cuenta.
En la práctica, esto significa que un adolescente tiene derecho a un espacio con confidencialidad, y que un profesional no le transmite a los padres el contenido de las sesiones. Lo habitual es acordar el encuadre desde el inicio, con todos presentes: qué se conversa a solas, qué se comparte y en qué situaciones el profesional está obligado a informar, que son las que implican riesgo grave para el adolescente o para terceros.
Ese acuerdo explícito al comienzo evita la mayoría de los conflictos posteriores.
Preguntas frecuentes
¿Me van a contar lo que dice mi hijo adolescente?
El contenido de las sesiones no se transmite: un adolescente tiene derecho a un espacio confidencial y ese es un requisito para que el tratamiento funcione. Sí se comparten orientaciones generales y se acuerda desde el inicio en qué situaciones el profesional está obligado a informar, que son aquellas donde hay riesgo grave.
¿Desde qué edad se puede hacer terapia?
Se trabaja desde edades muy tempranas, incluso con niños de dos o tres años, con abordajes centrados en el juego y con participación importante de quienes crían. En los primeros años es frecuente que el trabajo se haga mayormente con los adultos, según el motivo de consulta.
¿Sirve la terapia online para chicos?
En adolescentes funciona bien y muchas veces se sienten más cómodos que en un consultorio. En niños pequeños es más difícil, porque el juego y el material concreto son centrales, aunque hay profesionales que trabajan a distancia con recursos adaptados. Conviene consultarlo según la edad.